NOS GUSTA EL BUEN VINO ARGENTINO ¿Y A VOS?

    Con una estética inmejorable, en tonalidades rosa y destellos, este cóctel de vino dulce es elaborado a partir de una exclusiva fórmula que combina perfectamente el vino blanco con un refresco sabor y aroma a frutos rojos.


    Esta bebida de culto nacional se caracteriza por su perfecta combinación de hierbas y la justa medida de alcohol, se prepara históricamente con soda, y hoy en día es común degustarlo con gaseosa cola y gaseosa pomelo. Amargo obrero lleva la experiencia de placer por le disfrute de los buenos momentos de la vida a las reuniones con amigos o simplemente a esos momentos de relax donde terminas con la frase "esto sí que es vida".


    HISTORIA

    El Amargo Obrero es uno de esos nombres que forman parte de la geografía de nuestra infancia. Lo hayan tomado o no nuestros padres, siempre estuvo ahí y no es casual: se fabrica desde 1887 y su cuna fue la febril Rosario de fines del siglo XIX, saturada de buques, de silos y de hombres que llegaban hasta aquí a “hacerse la América”.


    Los italianos traían en su memoria (y algunos hasta en sus valijas) el recuerdo de una bebida hecha de hierbas y con muy poco alcohol, el famoso “amaro” (amargo). Pues bien, dos de ellos (Pedro Calatroni y Hércules Tacconi) se encontraron un día en Rosario. Uno era empresario y el otro, contador. Decidieron unirse para elaborar una bebida dirigida especialmente a los varones trabajadores que pululaban por la ciudad en esos días. Y establecieron que, por contraste con las bebidas dulzonas que tomaba la burguesía, esta nueva bebida fuera fuerte, amarga, contundente.


    Mezclaron para eso cerca de 45 hierbas venidas de Córdoba y de Entre Ríos (la carqueja, la muña muña, la manzanilla ), un poco de orozú –una especie de caramelo- y apenas 19% de alcohol. El resultado ya es historia: un aperitivo para tomar en el bar al salir del trabajo y antes de ir para casa. ¿Para mezclar con qué? Sólo con soda. ¿Qué más se necesitaba?

    Amargo Obrero

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    Con una estética inmejorable, en tonalidades rosa y destellos, este cóctel de vino dulce es elaborado a partir de una exclusiva fórmula que combina perfectamente el vino blanco con un refresco sabor y aroma a frutos rojos.


    Esta bebida de culto nacional se caracteriza por su perfecta combinación de hierbas y la justa medida de alcohol, se prepara históricamente con soda, y hoy en día es común degustarlo con gaseosa cola y gaseosa pomelo. Amargo obrero lleva la experiencia de placer por le disfrute de los buenos momentos de la vida a las reuniones con amigos o simplemente a esos momentos de relax donde terminas con la frase "esto sí que es vida".


    HISTORIA

    El Amargo Obrero es uno de esos nombres que forman parte de la geografía de nuestra infancia. Lo hayan tomado o no nuestros padres, siempre estuvo ahí y no es casual: se fabrica desde 1887 y su cuna fue la febril Rosario de fines del siglo XIX, saturada de buques, de silos y de hombres que llegaban hasta aquí a “hacerse la América”.


    Los italianos traían en su memoria (y algunos hasta en sus valijas) el recuerdo de una bebida hecha de hierbas y con muy poco alcohol, el famoso “amaro” (amargo). Pues bien, dos de ellos (Pedro Calatroni y Hércules Tacconi) se encontraron un día en Rosario. Uno era empresario y el otro, contador. Decidieron unirse para elaborar una bebida dirigida especialmente a los varones trabajadores que pululaban por la ciudad en esos días. Y establecieron que, por contraste con las bebidas dulzonas que tomaba la burguesía, esta nueva bebida fuera fuerte, amarga, contundente.


    Mezclaron para eso cerca de 45 hierbas venidas de Córdoba y de Entre Ríos (la carqueja, la muña muña, la manzanilla ), un poco de orozú –una especie de caramelo- y apenas 19% de alcohol. El resultado ya es historia: un aperitivo para tomar en el bar al salir del trabajo y antes de ir para casa. ¿Para mezclar con qué? Sólo con soda. ¿Qué más se necesitaba?

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